El Capitán de su Calle

A veces me pregunto si ser estatua de sal tiene valor de audacia. Cuando el ángel enviado por Yahvéh bajó a Sodoma para impartir justicia y devolver el orden en una ciudad que sólo sabia de lujuria (no importa cómo ni con quién, simplemente lujuria) premió a Lot y su familia por haberlo protegido de aquellos hombres que trataron de divertirse con el desconocido. La sentencia fue precisa: podían irse pero no mirar para atrás. Sin embargo la mujer miró y todos descubrieron por qué no debían volver la mirada. Su cuerpo, que era de carne y agua, capaz de calentar, de amar u odiar, capaz pudrirse transmutó en roca. ¿Qué alquimia es capaz de transformar un ser orgánico en un ente inorgánico? Tal vez el oro de Midas fuera la sal de Yavhéh. Y tal vez ser estatua de sal tenga un valor similar al del oro o al del salario romano.
Tal vez ese sea el precio por ser malo y fugitivo pero Sabina siempre encuentra una grieta por donde hacerte probar el placer de no seguir a ojos cerrados lo que la ley marca. También te sujeta por la nuca y te golpea contra la vidriera de la insurrección, pero la gota de sangre que corre por tu sien luego del impacto no te importa, apretás el acelerador y huís al borde de la madrugada.
Tengo amigos que dicen “Juaquinito de revolucionario no tiene nada”. Me pregunto, ¿acaso eso tiene importancia? Sus canciones hacen que te enlistes como primer voluntario en las filas del anarquismo individualista. La idea es no dormir, no dejar que te duerman, darle una patada al vecino de arriba y que no te lleven -como un rojo- al paredón.
En todas sus letras hay ideas, fórmulas y frases repetidas que se encadenan a ideas y metáforas nuevas. Apoyado en lo ya conocido, lo desplaza y lo condensa. Así logra el plus de significación que a más de treinta años de Inventario lo sigue mostrando joven y vitamínico.
On the other side of the world
“Se fue para sentarse a beber cualquier cosa en un bar oscuro. Era un bebedor compulsivo. Se quitó del medio, era como el diente podrido en la sonrisa, y se arrancó. En algún sentido, vengo de una familia de fugitivos. Y si siguiera los pasos de mi padre, sería un fugitivo, y también lo serían mis hijos.”
Tom siente el peso de la herencia, experimenta el roce de la navaja en el cuello. Alguna vez se montó sobre el delirio de la bebida y galopó, galopó lo mas fuerte que pudo o que quiso. Masticó polvo de rutas y bebió, rió en burdeles y bebió, bebió y fumó. En Coffe and Cigarettes (2003) Iggy y Tom se descubrian pertenecientes a una generación enredada entre el café y los cigarrillos, cambiá el café por el alcohol y verás su niñez y su juventud. Don Waits era un “gran contador de historias” y quedó perdido en algún bar, Tom era un gran bebedor y quedó atado a su música.
Un romance acabó con un destino romántico, él no es Jonhy Cash, tampoco es papá pero se le parece, papá siempre esta cerca ,lo suficiente para salpicarlo con la tragedia del mundo. Kathleen esta más cerca, o al menos físicamente presente, y le impide girar, le impide tomar, le impide fumar. Suficiente para él.
Tom siente el peso de la historia y sabe que con su linaje de fugitivo es demasiado fácil cruzar la linea, desaparecer. Creo que eso le produce miedo porque sería dejar de existir, es decir, tener la conciencia de un pasado in factum y un no presente, un no futuro.
Pero su naturaleza es esa y no puede dejar de derramarla en su música, en su poesía, no puede detenerla cuando abre la boca. La fuga y el tormento se hacen bellos en cortos momentos.
Porque yo te amo
No puedo despegar las canciones de esa cara joven y ese cuerpo vigoroso.
El día que murió estaba viendo una película estelarizada por Sandro, el teléfono sonó y en un minuto estaba muerto. La imagen de la pantalla no concordaba con la noticia, el cuerpo operado no coincidía con esa figura de gacela. Y sin embargo la vida continua, vimos por la tele el congreso, la fila de gente que parecía no terminar nunca, “el aplauso cerrado”, “el último adiós” al féretro camino al cementerio, el calor, la lluvia, el sudor, la humedad, todo pegoteado, todo confundido. Será que la pasión es eso, es fusión, esa incomodidad que es como un golpe en la nuca que te saca de eje y desorienta. Y después de todo, qué es el ser social sino una fusión de particularidades, que se conforma y se organiza por ellas y que sin embargo es algo más que el mero conjunto, no lo olvidemos, pero también muchas veces ese ser esta todo pegoteado y desorientado.
Escuché, también, a alguien que decía “Sandro murió para la mujer que lo tenía todos los días en la casa pero para nosotros que tenemos su música y sus películas no” Creo que voy a quedarme con eso, con el Sandro joven, seductor, carismático que me canta sus canciones mientras estoy en las penumbras de mi habitación o que me mira hiriendo alguna fibra desde sus films.
